Era domingo, 29 de Mayo. Casualmente, las que probablemente sean las dos de las tres pruebas más importantes del automovilismo mundial, el Gran Premio de Mónaco y las 500 millas de Indianápolis (la otra es las 24 horas de Le Mans), se disputaban ese mismo día. A las 14:00 hora española comenzaba la prueba monegasca, donde Sebastian Vettel se imponía con mucha polémica por delante de Fernando Alonso y Jenson Button tras una bandera roja provocada por un accidente que acabó con Petrov en el hospital. Todas estas incidencias hicieron que la carrera se prolongará hasta pasadas las cuatro de la tarde, de modo que apenas tuvimos dos horas de descanso antes del segundo plato fuerte del día, las 500 millas de Indianápolis.La carrera fue una auténtica locura y la prueba estuvo plagada de accidentes, literalmente, desde la primera curva, en la que se estrelló el archiconocido Takuma Sato, hasta la última, en la que el líder de carrera, J.R. Hildebrand, pagó con creces su juventud al tratar de quitarse del medio a un doblado por fuera del óvalo, acabando empotrado contra el muro exterior. El accidente del joven californiano en la última curva del circuito abrió las puertas del cielo a un hombre, Dan Wheldon, que con 32 años ganaba por segunda vez las 500 millas de Indianápolis, también las ganó en 2005, aunque en esta ocasión fue diferente debido a la dramática forma de lograrlo, ya que Dan estaba sin asiento en la temporada 2011 debido a que su equipo, el Panther Racing, lo había despedido a finales de 2010 para subir en su coche a una joven promesa de 22 años llamada, precisamente, J.R. Hildebrand. Por lo tanto Wheldon tuvo que buscarse equipo para correr la mítica prueba de Indianápolis y fue el humilde equipo Bryan Herta quién le contrató únicamente para la disputa de esa carrera. Por eso, y por ser la centésima edición de la prueba, la segunda victoria de Wheldon en Indianápolis fue tan especial. Lo había logrado en su única carrera de la temporada y batiendo al piloto y al equipo que le quitaron su volante meses antes. La típica leche que bebe el ganador de la prueba no podía saberle mejor al segundo británico campeón de las 500 millas, emulando al gran Graham Hill, bicampeón del mundo de Fórmula 1, apodado como Mr. Mónaco por sus brillantes dotes en el trazado monegasco y único ganador en la historia de la triple corona: Gran Premio de Mónaco, 500 millas de Indianápolis y 24 horas de Le Mans.
Poco después se anunció que Dan, como era de justicia, sería piloto titular en 2012 corriendo para el equipo Andretti, sin duda una de las mejores escuadras de la competición. A modo de preparación, y por supuesto de diversión, Wheldon decidió correr las dos últimas pruebas de la temporada 2011, la de Kentucky y la famosa Las Vegas Motor Speedway. En Kentucky llegó a meta 14º. Y encaró el desafío de Las Vegas. Por ser un piloto “invitado” tendría que partir desde la última posición, pero eso no iba a amedrentar al británico, que estaba dispuesto a ganar la carrera y llevarse el premio de 5 millones de dólares, premio que pensaba repartir con un aficionado, elegido por sorteo, a partes iguales.
Sin embargo el destino le tenía reservado otro final a Dan Wheldon. En la vuelta 12 de la carrera un accidente múltiple se ocasionaba delante de Dan, en medio del tráfico por salir último. El británico no pudo hacer nada, simplemente ser pasajero del último vuelo de su vida. El coche despegó y cruzó el trazado por el aire hasta encontrar el muro exterior de la pista, contra el que Wheldon se golpearía la cabeza muriendo en el acto. Su traslado al hospital con “lesiones graves” no sirvió de nada y ya a las cinco de la tarde se anunció su fallecimiento por contusiones en la cabeza. La vida de Dan Wheldon había acabado, a sus espaldas un campeonato de la IndyCar en 2005, dos victorias en Indianápolis, 2005 y 2011, y la victoria en las 24 horas de Daytona en 2006.
Pronto llegaron los actos en su honor. Es más, poco después de conocerse el fallecimiento los participantes de la prueba arrancaron sus coches y dieron cinco vueltas a un ritmo lento y emparejados de a tres para rendir tributo a Dan. Las reacciones también llegaron de la Fórmula 1, principalmente de tres hombres que eran amigos personales y rivales pasados de Wheldon, Jenson Button, Mark Webber y Anthony Davidson. Éste último de hecho subió a su cuenta personal de Twitter una fantástica fotografía en la que se ve de pequeños al propio Davidson junto a Wheldon y Button en una competición de karts. Otros como Hamilton, perteneciente ya a otra generación, han apuntado que Wheldon era un auténtico ejemplo especialmente dentro del automovilismo inglés, un pionero al probar suerte y triunfar en las durísimas pruebas americanas.
La muerte de Wheldon levanta el debate sobre las medidas de seguridad en el automovilismo. Ya se han elevado las voces que dicen que el efecto de la muerte de Dan debería ser el mismo que tuvo la de Ayrton Senna en la Fórmula 1, que la seguridad debería incrementarse hasta que las muertes en las carreras parezcan más cosas del pasado que algo actual. El modelo de monoplaza en el que falleció Dan estaba en su último año, y en su última carrera. En 2012 se implantarán unos nuevos coches mucho más seguros, precisamente Wheldon estaba siendo el principal encargado de desarrollarlos, para la Indy Car. Necesariamente, la peligrosidad en esta competición es más elevada que en la Fórmula 1, donde no obstante también se están desarrollando proyectos para fomentar la seguridad, principalmente previniendo lances en los que algo pueda impactar contra la cabeza del piloto, precisamente lo que acabó con la vida de Wheldon. El debate sobre si incorporar y cuando hacerlo unas cúpulas similares a las de los cazas está abierto desde el accidente de Felipe Massa en Hungría 2009. Ahora es la FIA la que debe decidir, pero… ¿se puede conseguir una competición automovilística que sea 100% segura? En mi opinión no, y es más, pienso que una competición automovilística totalmente segura sería mucho menos atractiva, ya no para el espectador, sino para el propio piloto. Cuando alguien se monta en un coche de carreras, ya sea un Fórmula 1 o cualquier otro tipo de monoplaza, un kart, un coche de rally o el automóvil que sea, y se dispone a competir debe saber, y sabe, que va a poner en peligro su integridad física y, porque no decirlo, su vida. Es parte de la competición, quizá una parte esencial. Ir rápido, buscar el límite, el más remoto hueco y la última milésima que puedas exprimirle al coche puede conllevar que, en esa búsqueda, encuentres un final que no era el esperado. Es lo que convierte en “locos” a los que, más o menos humildemente, deciden subirse a un coche de carreras y competir. Es lo que distingue al automovilismo de los deportes.
Pero no quisiera cerrar este pequeño homenaje a la memoria de Dan Wheldon con unas palabras mías, preferiría dejarles con las palabras que Alex Pombo, comentarista de la IndyCar para ESPN, pronunció mientras los coches daban las cinco vueltas de honor en memoria de Wheldon: ”Quien quiera que sea, quien quiera que me escuche, disfruten de la vida, disfruten lo que tienen, disfruten quienes son, disfruten de su familia, disfruten de su trabajo y disfruten de cada amanecer y cada día que tengan porque como nos damos cuenta la vida es muy frágil y como seres humanos siempre tendemos a quejarnos a las cosas que no nos parecen, pero esto nos demuestra que hay que disfrutar cada segundo que tenemos. Muchas gracias. Dan Wheldon, descanse en paz”.
http://www.youtube.com/watch?v=4nHfb-ZmNDU


