El fútbol es un deporte asentado, centenario y que, pese a ello, se encuentra en una etapa de su vida aún joven. Durante el transcurso del tiempo, los dominadores del esférico se han ido alternando y han sido muchos tipos de juego, clubs o selecciones los que han alcanzado la gloria. El éxito deportivo no significa un éxito financiero, pero ayuda. Es por ello que los clubs más grandes de la historia son los que más capital tienen en la actualidad, pero se encuentran excepciones. La principal del nuevo siglo es el Chelsea, club con dinero pero sin historia grandiosa. Los blues no consiguen adaptarse a su nueva clase.
El Chelsea no ha sido más que un club mediocre de la primera división inglesa que buscaba año tras año evitar sin apuros el descenso, algo que no siempre conseguía. Se puede decir que el Chelsea era un club con historia en Inglaterra, pero sin ser una historia ganadora, y en Europa era un absoluto desconocido, hasta que llegó un tal Román Abramóvich en junio de 2003. El Chelsea daba un salto ostensible en su nivel social dentro del fútbol, mas los pasos que dio para tratar de convertirse en un club grande demostraron ser a la larga demasiado rápidos. Se trató de decorar la casa, sin tener todavía los cimientos.
Nadie duda que el Chelsea entra dentro de los cuatro clubs ingleses más grandes de este siglo junto a Arsenal, Liverpool y ManUtd. Una persona que solo haya visto fútbol desde el año 2000, sin atender a lo acontecido anteriormente, catalogaría al Chelsea como un grande europeo. Yo lo considero un rico europeo que gracias a su solvencia económica ha conseguido acercarse a la grandeza, pero la precipitación de este proyecto no le permite tocarla. Sin lugar a dudas la etapa de Mourinho como técnico blue fue la mejor de la historia del club londinense, junto a los años posteriores donde el Chelsea consiguió llegar a una final de la Champions League y ganar dos FA Cups y una Premier League, ya sin el luso. Pero ni en Inglaterra se puede hablar de la etapa del Chelsea, estos años serán recordados por la etapa del Manchester United de Ferguson con la oposición mostrada en años concretos por parte de Chelsea y Arsenal.
El Chelsea actual forma parte de los errores del pasado, los londinenses trataron de ser un equipo físico, descuidando lo técnico. Algo que en determinados momentos les funcionó, aunque no han sabido dar continuidad a este forma de jugar, quizás por no ser demasiado acertada y han tratado de dar mayor ‘calidad’ al medio campo. Esta apuesta por un juego más combinativo, con los jugadores actuales es nada menos que un insulto para el juego técnico. El medio campo del Chelsea sabe marear la pelota, lo que desconoce es darle profundidad y tratarla con criterio en línea de tres cuartos. Esto, unido a una plantilla anquilosada, sin demasiadas alternativas y con un entrenador joven, carente de experiencia y, sobre todo, que no se amolda a la situación del momento y no cambia su formación por nada, provocan pifia tras pifia, pasando de hacer el ridículo en FA Cup ante el Birmingham, para hacerlo en Champions League en San Paolo.
Desde aquí es muy fácil hablar, lo reconozco, aunque la solución para este Chelsea la encuentro en ir pasito a pasito y no a pasos agigantados, definiendo una forma de jugar, aceptando su nueva clase económica, dando continuidad a un proyecto, por ello soy reacio a la destitución de Villas-Boas a estas alturas de la temporada, debe llegar hasta el final de campaña, y en ese momento se deben tomar las decisiones con calma.
El Chelsea pese a no ser un histórico, es un nuevo rico, y a los ricos en el mundo del fútbol se les exige estar arriba, tras nueve años de riqueza los londinenses no están arriba y eso es algo que los propios dirigentes blues se deben plantear, y quizás de esa manera cambiar las formas de hacer las cosas.
