Llega el primer torneo importante del año, el Open de Australia, y se vuelven a encontrar, a un paso de la gloria. Novak Djokovic y Rafael Nadal se disputarán mañana domingo el primer Grand Slam del curso en la Rod Laver Arena. El español volvió a condenar a la derrota a Roger Federer en las semifinales. El genio de Basilea llegaba en un gran estado de forma tras someter con facilidad en la ronda previa a Del Potro, pero tras un buen comienzo, acabó naufragando a base de errores no forzados, volviendo a caer una vez más en la tela de araña que el manacorí le tejió. La actitud de este Nadal de inicios de 2012 es muy diferente, se nota que está mejor que el año pasado, y a buen seguro luchará hasta la última bola en el partido de mañana. El problema de Nadal es el rival que tendrá enfrente. Y es que Novak Djokovic volvió ayer a ejercer de número uno. Al igual que en las semifinales del US Open, dónde tuvo que salvar dos bolas de partido ante Federer, el serbio estuvo al borde del abismo ante un Andy Murray más peligroso que nunca. El escocés llegó a tener a Djokovic a su merced, pero esa falta de instinto asesino le privó de nuevo de intentar ganar su primer ‘major’. Tras cinco horas de batalla, Novak enloqueció. Sabía que la victoria significaba medio torneo. Obviamente no hay que subestimar a Nadal, nunca se debe hacer eso con los genios, pero ciertamente parece complicado que el español pueda con el estratosférico nivel del serbio. En Flushing Meadows cuando la batalla se tornó en algo puramente físico, Djokovic demostró que tenía una marcha más.
El problema que tiene Nadal con el serbio es parecido al que Federer tiene con el español. Y es que le faltan argumentos tenísticos porque su juego no hace daño al de su rival, es decir, los golpes de Rafa no inquietan al número uno mundial. Djokovic tiene mejor saque, mejor derecha, mejor revés, incluso como hemos dicho antes hasta mejor físico. Y la batalla mental también está de su lado tras ganarle la partida en seis ocasiones el pasado año. Dicho esto, le quedan pocas opciones, que pasarían por ser muy agresivo, que la derecha paralela le funcione y que mantenga un buen nivel de saque, más o menos como el que le llevó a ganar el US Open en 2010. Aún así sería muy complicado que sonara la flauta. Y es que a Djokovic la batalla se le gana jugando de una forma directa. Tal y como hizo Federer en Roland Garros. Con un gran nivel de saque, y con puntos cortos. Siendo agresivo, yéndose hacia la red, y no manteniendo intercambios demasiado largos. Y desgraciadamente, Nadal no es lo suficientemente versátil como para poder llevar a cabo un planteamiento como ese. El serbio te arrincona poco a poco, con su revés cruzado, con su derecha plana paralela o con su ‘drive’ en carrera. Un aluvión de golpes que acaba por destrozarte, física y mentalmente. Su nivel de tenis en estos últimos doce meses no es humano. A este paso, en los próximos meses empezará a jugar y a ganar para la leyenda, tal y como lo hacen ahora Roger y Rafa. Para el español esta final es muy importante, sobre todo para medir su nivel con respecto al del año pasado, pero realmente el gran reto, el que puede hacer volver a resurgir a Rafa o a relegarle a un segundo plano, se disputará el próximo mes de junio en Roland Garros. Y es que Djokovic está dispuesto a discutir el dominio del español sobre tierra batida. Esto solamente sería un aperitivo de lo que podríamos ver dentro de unos meses. Así que las espadas en todo lo alto. Rafael Nadal se encuentra ante la horma de su zapato. Veremos si puede con ella.
