A pesar del empate final del CSKA, el Madrid hizo los deberes: nadar y guardar la ropa. El equipo de Mourinho planteó un partido serio y firme sin arrugarse, fuera de toda tentación a la floritura. Con un solo tanto de Cristiano, el único pesar era la lesión de Benzema hasta el empate moscovita sobre la bocina. ¿Conclusión? Lo peor para los madridistas ya pasó: en la vuelta, disfrutará de una temperatura cuanto menos de diez grados sobre cero.
Mientras, en Nápoles, Lavezzi y Cavani destrozabann con un 3-1 al Chelsea, único superviviente británico en octavos (por cierto, ¿Quién continúa sosteniendo que la mejor liga es la inglesa?).
¿Qué decir de la jornada liguera del pasado fin de semana? Como una gata encerrada, Messi se desquitó como una púber en celo el pasado domingo. A pesar de la enésima hazaña del argentino, el sagaz aficionado empieza a preguntarse a qué carajo se dedican los supuestos aspirantes a la franja europea. No se recuerda unos vástagos tan flojos desde tiempos desmemoriados. Tan paupérrimos resultan que si usted mira la clasificación, el mismo Villarreal queda al borde del barranco de la segunda a tres puntos y a seis de la UEFA. ¿Y qué decir del Valencia? A once del segundo y a veintiuno del primero. De vergüenza.
