Corría el año 1970, era año de Mundial. México acogía por primera vez en su historia esta cita. Era el noveno campeonato del mundo entre naciones de la historia. Este Mundial fue el de consagración del ‘jogo bonito’ del Brasil de un Pelé que seguía dando pinceladas de magia. Los brasileños iban a ganar su tercer Mundial y se iban a colocar como la selección con más campeonatos mundiales, cetro que desde entonces nadie ha conseguido quitarle. Solo Italia y Alemania consiguieron igualar a la ‘canarinha’, pero nunca superarla. Precisamente estas dos selecciones escribieron una de las páginas más bellas de la vida de este deporte, en la semifinales del citado campeonato entre selecciones.
Era el 17 de junio de 1970, fecha marcada en el calendario como el día de las semifinales mundialistas. Por un lado Brasil y Uruguay disputaban la primera semifinal, la ‘verde-amarela’ consiguió su particular vendetta por el famoso ‘maracanazo’ con una victoria por 3-1. Uruguay no disputaría unas semifinales de la Copa del Mundo hasta 40 años después. Por lo tanto con Brasil ya en la final, Alemania e Italia se preparaban para un partido que iba a pasar a los anales de la historia. Los teutones venían de eliminar a Inglaterra, de esta forma se vengaban de lo sucedido cuatro años atrás, con el gol fantasma de Hurst. Italia por su parte venía de golear por 4-1 a la anfitriona, México.
El estadio Azteca era la sede, el sofocante calor mexicano fue una constante de este campeonato. El partido arrancaba un poco falto de ritmo, pero a las primeras de cambio, en el minuto ocho, Bonisegna adelantaba a la ‘squadra azzurra’ con un fuerte golpeo desde fuera del área. Italia tenía el partido donde quería, tenían que aguantar el resultado. Y vaya si aguantaron, poco a poco Alemania se hizo con el dominio del juego y de las ocasiones, Italia también tuvo oportunidades para sentenciar, pero los goles no llegaban. El árbitro peruano, Arturo Yamasaki, no señalo una pena máxima sobre Uwe Seeler. Cobró como falta una que se produjo dentro del área, como resultado de esta falta Franz Beckenbauer se dislocaba el hombro. Debido a que Alemania ya había realizado los dos cambios, por entonces solo se permitían dos, ’el Kaiser’ tuvo que jugar condicionado por esta lesión. Las ocasiones seguían teniendo color germano, Overath, estrellaba un balón en el larguero. Se acercaba el final y la ‘Mannschaft‘ no conseguía la igualada, corría el tiempo añadido. Grawobski centraba desde la banda, y el lateral Schnellinger remataba en al área pequeña. Albertosi no pudo hacer nada, jugó en lugar del mítico portero transalpino, Dino Zoff, y llegaba el júbilo a las gradas, Alemania conseguía el empate que tanto merecía en el último minuto. El lateral alemán, anotó el único gol de su carrera, pero que momento para hacerlo. Lo curioso es que este jugador germano jugaba en Italia, concretamente en el Milán y se cuenta que mientras volvía a su campo tras anotar la igualada, Gianni Rivera, compañero de equipo, le dijo en tono jocoso: “Cuando vuelvas a Milán te volamos el coche”. No había tiempo para más tendríamos prórroga.
Fue en esta media hora donde se escribió en letras de oro una página inolvidable de este deporte. Con las dos selecciones agotadas por el esfuerzo realizado, el medio del campo quedó en el olvido, la pizarra pisoteada, la táctica para otra ocasión. Ambos equipos solo tenían un objetivo, el ataque. La prórroga comenzó, y de la mejor manera para los germanos, ‘el Torpedo’ Müller ponía en ventaja a Alemania en el minuto 94, tras fallo defensivo italiano. Alemania había gestado el milagro. La alegría duró cuatro minutos en el combinado teutón, ya que Burgnich iba a empatar a dos, después de que el balón quedará muerto tras el lanzamiento de una falta. Si no habíamos tenido suficiente aún quedaba una sorpresa más en estos primeros quince minutos de la prórroga. Italia volteaba el marcador merced al tanto de ‘Gigi’ Riva, la estrella del Cagliari. Que tras hacer un control escorado, golpeó suave y ajustado. Nos íbamos al entretiempo de la prórroga con 3-2 para Italia.
Llevábamos cuatro minutos de la segunda parte de este tiempo adicional. Cuando un centro de cabeza del veterano Uwe Seeler, era rematado por Müller. El histórico delantero del Bayern marcaba de esta forma su décimo gol de la competición, lo que le convertía en máximo goleador del torneo, desde entonces nadie ha conseguido llegar a esta cifra, aunque anteriormente Kocsis (11) y Fontaine (13) marcaron mas tantos en una Copa del Mundo. La alegría iba a durar apenas un minuto a la ‘Mannschaft’, Gianni Rivera remataba un pase de Bonisegna, cruzando el balón ante la estirada de Maier. Era el minuto 111 de partido, e Italia se volvía a poner por delante en el marcador. Es curioso que el autor del gol, Gianni Rivera, no fuera titular, pese a que un año antes ganó el Balón de Oro. Y es que en su lugar jugó otro fuera de serie como fue Mazzola. Dos grandes figuras, que según el seleccionador, Valcareggi, no eran complementarias. Por eso se alternaban la titularidad. El partido no dio para más, Italia jugaría la final ante Brasil, final en la que serían apabullados, con un juego espectacular de Brasil, aunque esa es otra historia.
Al terminar el choque los jugadores se desplomaron debido al terrible esfuerzo, pero sabedores de la gesta que habían hecho tanto unos como otros, posiblemente jugaron la mejor prórroga de todos los tiempos. Al poco tiempo este encuentro fue bautizado con el nombre de ‘el partido del siglo’, y razón para tal distinción no le faltaba. Nunca se sabrá si hubo un encuentro mejor, en cuanto a emoción es muy difícil encontrar alguno que le supere, en cuanto a juego son muchos los que le superan. Fuera como fuese, los 26 hombres que participaron en la oda al fútbol, pasaran a la historia. Se llegó a decir que aquel que se perdió este partido, se perdió la mitad del fútbol.

