Un día alguien dijo que en el fútbol todo son dinámicas. Qué razón tenía. Cuando las cosas van bien, todo sale a pedir de boca. Sin embargo, cuando un equipo está hundido y tocando fondo, todo se le suele volver en contra, hasta esa musa del azar a la que llamamos suerte le da la espalda. Este es el caso del Real Zaragoza, un club tocado, hundido en la tabla clasificatoria. Apenas llevamos veintiún encuentros disputados y los de Manolo Jiménez están situados a once puntos de una salvación marcada por el Villarreal. Esto sería un hecho insólito para cualquier equipo. No obstante, para el club maño no lo es, ya que los aragoneses han estado más de una temporada en situaciones críticas. El año pasado, sin ir más lejos, se salvaron milagrosamente después de pasarse hasta trece jornadas consecutivas en puestos de descenso directo a la Liga Adelante, dándole muchos por muerto. No parece que este año vaya a suceder tal hazaña, y un servidor augura que a la afición zaragocista muy pocas alegrías le quedan de aquí a final de temporada. Obviamente, voy a argumentar mi teoría.
No hay nada de ilusión
Si observamos los partidos del Real Zaragoza vemos como son pocos los jugadores que de verdad demuestran su garra y coraje por eludir la quema del descenso. Además, hay mucho nerviosismo entre los futbolistas del club maño, a los que les tiemblan las piernas cada vez que se ven por delante en el marcador. El último ejemplo lo tenemos cerca, en su partido contra el Rayo de la pasada jornada. Se les puso todo de cara a los de Manolo Jiménez gracias al golazo de Helder Postiga, pero echaron todo por tierra dejándose marcar dos goles en apenas cinco minutos. Son ya muchos los partidos en los que los maños se han puesto por delante y han acabado desperdiciando su ventaja.
La afición, muy quemada
Y es que el problema del Zaragoza, desgraciadamente, no solo está en el campo. La afición zaragocista, resignada con su equipo, lanza todas las miradas al palco, donde Agapito, las pocas veces que acude a La Romareda, ve como, partido tras partido, recibe la ya denominada Agapitada. Aquí no acaba la cosa, y son ya numerosas las personas que se dedican a recoger firmas domingo tras domingo por La Romareda para conseguir echar a su presidente, que hace oídos sordos a todo esto demostrando su “aprecio” a la afición y su “amor” al club.
Malos fichajes de invierno
Esta vez parece que no habrá un golpe de efecto traducido en victorias gracias a los fichajes de invierno. El Zaragoza, muy mermado económicamente, apenas ha podido pescar nada interesante. Para mi gusto, Apoño es el único fichaje que podrá aportar algo de sentido al juego maño. El fichaje de Aranda, un jugador totalmente sobrevalorado, dudo que sea de utilidad. El ex de Osasuna tiene calidad, pero a un delantero hay que exigirle goles, y más en un equipo que los necesita tanto como el Zaragoza. A Dujmovic habrá que verlo más para poder opinar sobre él, pero aunque el croata resulte ser una buena incorporación, nadie podrá suplir las bajas de jugadores como Ander Herrera o Gabi, que marcaron la diferencia el año pasado haciendo que su ex equipo eludiera el descenso.
Con este panorama, parece imposible que el Real Zaragoza consiga mantenerse en la que dicen que es la mejor liga del mundo. Los once puntos con respecto a la salvación son una losa que pesa más de lo que parece y que hace que la ansiedad aparezca enseguida tanto en los jugadores como en los aficionados. Ya no hay margen de error, y las matemáticas son claras: la salvación suele rondar los 42 puntos, por lo que el club que preside Agapito Iglesias tiene que conseguir 30 puntos, o lo que es lo mismo, ganar 10 de los 17 partidos que quedan. Aunque esto es fútbol, y como dijo Apoño hace un par de días, cosas peores se han visto.


Lo mejor del artículo: “[...]en la que dicen que es la mejor liga del mundo” Respaldo ese dicen, ya que en cuanto a lucha por la liga es de las peores, solo Escocia parece aventajarla.
Es la Liga de las estrellas, repartidas entre dos equipos. Sinceramente esta Liga aburre.
¡AUPA ZARAGOZA!