Lleyton Hewitt abandona la Rod Laver Arena entre un mar de aplausos y ovaciones. La abandona tras ceder ante Novak Djokovic en cuatros sets más duros de lo que indica el reloj de partido. El de Adelaida es consciente, desde hace ya algunos años, de que nunca ganará el Open de Australia. En su mirada se puede reflejar esa cruz, la misma que hoy casi le ha llevado a discutir el dominio de un rival que le avasalló durante la primera hora y media de encuentro. Quizá su gran oportunidad la desperdició en 2005, cuándo un moscovita de origen tártaro llamado Marat Safin le privó de la gloria de Melbourne Park en la gran final del torneo. Ese Hewitt ya no existe. Ese joven arrogante cambió tras su noviazgo y posterior matrimonio con Bec Cartwright. Ahora como padre de familia, Lleyton no ha perdido ni un ápice de garra, de coraje y de tenacidad, pero es todo un señor en la pista. Ya no desafía al rival con su mirada, no hace ‘El pato Donald’ (gesto que causó furor en la edición de 2005), ha dejado su antideportividad a un lado y hasta sus ‘come on’ son bastante más comedidos. A sus 30 años, el australiano llegaba al torneo fuera del top-100 de la clasificación ATP. Ha necesitado una invitación para jugar el torneo, y para llegar a la cuarta ronda batió a Stebe, Roddick y Raonic antes de medirse hoy al nº1 mundial. Por el camino ha dejado a dos jóvenes emergentes con suficientes armas tenísticas para batirle pero con poca convicción mental para hacerlo, y a un veterano ya de ‘vuelta de todo’ como él. Sin duda el espíritu guerrero de Hewitt ha sido lo más destacado de esta primera semana de torneo. Hoy no tenía armas para poder derrotar a Djokovic. Hace tiempo que su juego contragolpeador quedó obsoleto, tuvo una ascensión muy rápida al olimpo del tenis (fue nº1 con solo 20 años) pero un lustro después era ya todo un veterano y se quedó sin argumentos. Compañeros de generación como Marat Safin o Juan Carlos Ferrero también sufrieron ese pronto envejecimiento, reservado solo a los tenistas más precoces. Cada uno llevó su cruz a su manera. Por eso aún hay que darle más mérito a un jugador como el ‘aussie’, que con el calvario de lesiones que ha tenido en estos últimos años, aún tiene ganas de seguir jugando, aunque ya le sea imposible recuperar el ránking que una vez tuvo, cuando llegó a la cima del tenis. Lleyton Hewitt nunca aparecerá en el palmarés del Open de Australia, pero siempre se quedará en la memoria colectiva, como ese jugador que nunca le perdió la cara al partido, que estando medio muerto seguía luchando, hasta la última bola, hasta el último punto. Hoy hizo dudar al indestructible Djokovic, durante un momento la máquina serbia dudó. El de Belgrado le tuvo respeto, y mucho. Por eso y por todo lo demás, eterno Hewitt.
Mientras tanto el relevo ‘aussie’ llega, y si Hewitt da sus últimos coletazos, el que da los primeros zarpazos en los cuadros de Grand Slam es Bernard Tomic. Verdasco, Querrey y Dolgopolov sucumbieron ante el nuevo ídolo local antes de caer ante un magistral Roger Federer que reeditará esta próxima madrugada la final del US Open 2009 ante Juan Martín Del Potro. Duelo incierto, ya que ambos vienen en gran forma. Parecido a lo que ocurre con el partido entre Tomas Berdych y Rafael Nadal. El checo superó en octavos una prueba de fuego tras batir a Almagro, y si sigue sacando a un gran nivel podría poner en dificultades a un Nadal que hasta ahora ha ganado fácil todos sus encuentros, aunque bien es cierto que no ha tenido enfrente ningún rival con suficiente enjundia para ponerle en problemas. Por la parte de arriba David Ferrer ha ido solventando sus partidos con mayor o menor acierto y cruzará espadas con Djokovic en los cuartos. El de Jávea buscará un imposible, pero a buen seguro lo dará todo. Andy Murray se llevó un susto en primera ronda ante el ‘teenager‘ Ryan Harrison pero no ha vuelto a tener problemas y solo el japonés Kei Nishikori le separa de las semifinales del torneo. El tenista asiático sigue haciendo historia para su país. Si ya con 18 años llegó a los octavos del US Open, ahora con 22 y superados sus problemas de lesiones ya es top-20 y ayer derrotó a un Jo-Wilfried Tsonga que venía de coronarse campeón en Doha. Lo más peligroso de ‘El genio de Shimane’ es que no tiene nada que perder. Quizá estemos ante la sorpresa anual del Open de Australia. Durante esta semana se verá porque ya solo quedan los mejores. A disfrutar.
